El triunfo del sentido común
El triunfo del sentido común
Por Sergio KiernanFuente: diario P12
La crisis capitalista también es de urbanización
“La crisis capitalista también es de urbanización”
Por Natalia ArugueteENTREVISTA EXCLUSIVA al prestigioso geógrafo británico David Harvey
David Harvey es un geógrafo británico de reconocimiento internacional. Estudió la relación de las crisis urbanas y las financieras. Dice que la sucesión de debacles en el sistema está provocada por una fiebre de la construcción, que a la vez provoca crisis en el capitalismo en su actual etapa hegemonizada por las finanzas. Sostiene que existe una estrecha relación entre urbanización y formación de las crisis. Además de Estados Unidos con la debacle de la subprime, pone como ejemplo a Grecia y España. Asegura que parte de la explicación de la crisis en esos países se vincula a malas inversiones en infraestructura.
Un habitar en torno a la metáfora de la casa - HUGO MUJICA
Uh-Oh... here she comes - CINNAMON
Derrama en rama - NANCY FUENTES
Derrama en rama
En un árbol
cuyas raices caminan hacia el sol
una rama se agita.
Fuerte y flexible brota
en las 4 estaciones
Florece toda vez
que los niños y las bestias la rodean
y se deshoja a veces
aunque sea primavera
Largas siestas la encuentran
en infantiles brazos
que aumentan su verdor y su espesura
De allá abajo el tronco inamovible
la mira ilusionado
Que no se rompan jamás aquellos lazos
con que una enredadera nos ha unido.
Nancy
La rama vecina del arbol de odiseas
José Ignacio Raffo (Neuquén) -Esculturas-
El animal, el paisaje, el silencio, las partes.
(Nota publicada en la Revista Maipué Nº19)
En una porción de territorio neuquino, una ficción de metal, de paisaje y viento se representa cada día. Un drama vigente desde hace cuatro mil millones de años: el de la lucha por la supervivencia.
Por Arq. Mirta Eberhardt
Se habla de ciertas criaturas excepcionales que “habitan” el suelo neuquino. Son de metal. El camino que hay que recorrer para descubrirlas es tan extraño como ellas; así también la tierra que las contiene.
La ruta que lleva a su encuentro, a medida que se acortan las distancias se va cargando de una cierta tensión. Es probable que este hecho se origine en el significado profundo de las palabras escritas que aparecen a lo largo del recorrido: fin del mundo, saurus, ventus, valle perdido, ciudad de los césares.
Ellas, las palabras, mágicamente se corren de las referencias y se constituyen en umbral simbólico. Aquel que necesitan las criaturas creadas por José Raffo para ser comprendidas. Al menos, en ciertos planos.
La tierra es San Patricio del Chañar: tierra que aloja al puma y al guanaco de metal. En este territorio no todas las variables pueden ser controladas. Las que se someten, pueden constituir emprendimientos de alta tecnología como por ejemplo, la Bodega NQN. Las otras en cambio, forman parte de dimensiones que se resisten al control humano y propician –ante los ojos de los atentos- el despliegue de juegos particulares (algunos lo llaman poesía).
Se comenta que algunas personas logran hacer alianzas con los espíritus que habitan en las dimensiones rebeldes, para verticalizar el tiempo y crear. José Raffo (escultor) y su padre, Norberto Raffo (ingeniero agrónomo paisajista), pertenecen a este grupo. La obra de ambos -en conjunto- toca “el nervio del lugar” y fomenta la construcción de procesos de significación y sentido.
José ensambla piezas de metal de distinto origen para recuperar –quizás- lo que se nos escapa de las manos. Su padre lo enmarca. Ambos, con el convencimiento de que en las contradicciones acumuladas todo se activa, hacen y conducen, poéticamente, a la “aventura de lo real”.
Cuando llega el agosto patagónico, la universalización casi monocromática del invierno, sumerge en profundidad la propuesta: aquella que logra que creamos que los viñedos, la arquitectura y los humanos del lugar imitan –sin darse cuenta- al silencio, a la quietud y a esa especie de indiferencia que tienen los objetos metálicos; e invierten los términos de lo viviente, para que lo inanimado-animal, en la simulación de la lucha por la vida, cobre vida.
El escultor: José Ignacio Raffo (SOCK). Nació el 26 de abril de 1985. Reside en la ciudad de Neuquén. Es egresado de la EPET 14, donde aprendió a soldar y a trabajar con todo tipo de herramientas. Luego comenzó a estudiar en la Escuela Superior de Bellas Artes de Neuquén y terminó de cursar la tecnicatura y el profesorado en artes visuales. En la actualidad cursa un profesorado superior en escultura y dibujo. Trabaja en su taller instalado dentro de un vivero. Las tardes las pasa entre hierros y plantas, regando y soldando.
Ernesto Sábato
Pier Aldo Rovatti
Valcheta - María Benicia Costa Paz
VALCHETA
María Benicia Costa Paz
“La desapariciones inexplicables…
En un antiguo cauce de río,
horadado por los tiempos
estalla un encuentro violento,
Entre indios y soldados.
La noche se insinúa con reservas, avanza inescrutable, preñada de recuerdos:
historias de crueldades y de muerte,
brasas que ciegan la memoria.
A lo lejos, polvareda de espectros
se aproxima en cadencia sospechosa.
Negrura muda de fantasmas imprecisos
Que aparecen, embozados en tinieblas.
Resuenan los cascos impetuosos
Anunciando, en las piedras, lo terrible.
Bestias, de miedo enardecidas,
el odio feroz las atraviesa.
El griterío acorrala majadas de miedo.
Siluetas sombreadas huyen
de las garras filosas de soldados,
en acciones de muerte, ensañados.
Presas de terror, pasan mujeres y niños; claman por una justicia inexistente; ¡Los sin tierra de gesto congelado Por la tiniebla voraz, despedazados
Una y otra vez, vuelve la chusma
con ojos espantados, envueltos
en mortajas de lamentos. Se arrastran
como pueden; ensordecidos
por el eco agónico de esas huellas.
De la última hora, presagio claro
con marcas de sangre en cada hachazo
manchando las horas transcurridas.
Se trata de apurarlos, de golpearlos,
De hacer que se quejen con fuerza desmedida.
El páramo cómplice, absorto y mudo,
permite que este horror visceral quede impune.
Los pasos quejosos no dan más;
Siguen llorando y suplicando
Hasta quedar rígidos de muerte compelida en los pliegues cobardes del arenal maldito.
La lóbrega noche tejerá un ataúd,
(Olvidando infames registros oficiales), en la oscilante frontera del desierto.
De eso se trata, de borrarlos para siempre
a los sin voz, a los que no cuentan:
invisibles espectros que me acosan.
A pesar de relatos que los niegan
mediante la copa embriagante del olvido.
En anocheceres oscuros todavía pasan
trashumantes del desierto, almas en pena, cuyos suspiros y gemidos empañan los espejos de la estepa, deslucidos.
Restos de esas vidas desgajadas
cuelgan aún, tibios, de las alambradas, anidan inermes y olvidados dentro de coirones temblorosos.
La niebla deja velos de tristeza en los valles, que flotan entre blancos grises y azulados.
Una y otra vez los matan en los descampados provocando una muda romería de ultratumba.
Todavía emana un espejismo de huesos
que, blancos, afloran de la arena,
mientras llueven memorias, quedamente.
El exterminio se confunde en la locura.
Agustín Argibay Molina
El Paciente
(cuento)
Estoy muerta. Me pasé todo el fin de semana bailando. El viernes, directamente, no dormimos. El sábado, en cambio, todo el día juntos, en la cama. Una maravilla. A la noche, otra vez al boliche. Me encanta bailar, el ritmo me penetra, no me lo puedo sacar de encima así nomás.
No se asusten si hoy me ven bailando sola, son los recuerdos de aquellos momentos bárbaros, divinos. Tengo ganas de gritar de alegría. Estoy tan feliz que soy capaz de levantarle el ánimo a cualquiera, incluso a ustedes dos, amargos, y a quienquiera otro que se presente y tenga el espíritu por el suelo.
Vamos, arriba chicos, hay que empezar a trabajar. Hoy es lunes, a este día lo deberían eliminar del almanaque para siempre. La semana debería empezar los martes y terminar los jueves. Eso, ya van a ver, se va a lograr con el progreso.
Uy, ya llegó el primero. Viene por una tomografía computada de cerebro, tórax y abdomen. Es un hombre de sesenta y tres años. Tiene mal pronóstico. Ya le dije que se desvista, que se ponga la bata y que espere ahí hasta que lo llamemos. Está muy asustado.
“Tranquilo, no le va a pasar nada, lo único doloroso es la inyección de yodo, pero cuando le hagamos eso, le vamos a avisar. Va a sentir mucho calor, casi como si se estuviese quemando, sobretodo en la nuca y en la cola, pero todo bien, es cosa de unos pocos minutos.”
“Mirá, me dan ganas de irme de acá, en cualquier momento”.
Uy, sonamos, creo que se me desmayó. Vengan a ver, parece que delira, habla solo. A ver, a ver, está protestando contra los médicos. Escuchen, dice que su enfermedad empezó cuando inició su recorrido por consultorios y laboratorios; un calvario. Atiendan, silencio, está diciendo que, finalmente, lo vamos a matar. Sin intención, por supuesto, pero por descuido, porque no nos importa, porque los consideramos un número y lo que realmente nos motiva es el dinero.
Por favor, absoluto silencio, ahora dice que está muerto. Que siente cierta alegría y gratitud hacia nuestro grupo por haberlo matado en forma repentina, evitándole todo sufrimiento, al darle yodo en exceso.
Sigan escuchando, ahora está hablando de su familia, de su mujer; dice que ella ya no va a tener a quien protestar y recriminar. Y que le va a ser difícil encontrar otro con quien reírse. Que las luces de su casa no se van a apagar más y que su ausencia no va a provocar ningún ahorro en la cuenta del teléfono. Pero que va a extrañar el calor de su compañía. Que sus hijos lo van echar de menos, pero que su muerte los convertiráa automáticamente, en seres humanos independientes. Un accidente que los fortalecerá.
Siente culpa por muchos de sus actos y por cosas importantes que ha dejado de hacer por indolencia o cobardía.
Si volviera a nacer, está diciendo, sería mucho más afectuoso y demostrativo con todos, especialmente con su mujer y sus hijos.
Ay, gritó, perdí mucho tiempo. Lamenta, también, no haberse podido despedir de sus queridísimos nietos, que son un regalo recibido, que en estos pocos años solo le han dado enormes alegrías.
Me estoy empezando a preocupar en serio, no despierta. Vayan ustedes a avisarle al director, que yo voy a buscar al cardiólogo.
¿Pero como que no está? Pero si hasta hace dos minutos estaba ahí, desmayado, en la camilla, parecía muerto. ¿Quien lo dejó salir? ¿Alguien lo vio?
Está bien, se fugó, pero ¿llegó a firmar los cupones para la obra social?
¿Si? Ah bueno!



