


[...] Estaba atrapado por la idea de "habitar" artísticamente el promontorio rocoso del final de Ondarreta, conocía ya lo que llama "el aroma del camino", la "voluntad atemporal que encierra" el sitio, y continuaba fascinándose con las olas que penetran en la ciudad por la falda del Igueldo. "El mar tiene que entrar en San Sebastián ya peinado", bromeaba al contemplar cómo el viento sur levanta, ondula y riza la cresta espumosa de las olas que cabalgan impetuosas contra las rocas.
Revisar cronológicamente la serie Peine del Viento es un ejercicio que revela tanto la apasionada voluntad que animaba a Chillida —"al principio, apenas distingo la idea, pero cuando la capturo, ya no la suelto, ya sólo me queda dejarla madurar"— como las dudas que le asaltaron en el camino. Si el primer Peine del Viento, planos elementales de hierro ordenados en vertical, ofrece una sensación estática, el segundo despliega poderosos tentáculos que transmiten la impresión de fuerza y movimiento. En el Peine III, actualmente en la sede de la Unesco, en París, Chillida cierra los brazos y los condensa como si la acción del viento los hubiera fosilizado. Posteriormente, en abierta oposición, el escultor alza el vuelo en busca de lo etéreo, tratando de encerrar el vacío entre formas de raíces vegetales construidas con materiales tan livianos como la plata y el acero inoxidable. En ese punto, Chillida comprueba que se ha apartado del camino y vuelve sobre sus pasos retomando la densidad del hierro y del granito. Por influencia probablemente de Brancussi, a quien conoció en la capital francesa, el escultor vasco dota a sus últimos Peine del Viento de potentes pedestales, elemento que desechará al final para enraizar su obra directamente sobre las rocas.
[...]De día, cuando la herrumbre que cubre las esculturas reluce como polvo dorado al sol, es costumbre que los paseantes se apoyen sobre el brazo horizontal de la pieza engarzada en la roca de tierra para divisar la escultura atravesada por la línea del horizonte. El observatorio particular de Chillida se ha convertido en espacio artístico habitado, en una metáfora atemporal, en un mirador colectivo de la ciudad,
[…] "Los hombres somos de un lugar", ha escrito. "Es muy importante que tengamos las raíces en un sitio, pero lo ideal es que nuestros brazos lleguen a todo el mundo, que nos valgan las ideas de cualquier cultura. Los hombres somos como árboles con los brazos abiertos. Como soy de aquí, mi obra tendrá algunos tintes particulares, una luz negra que es la nuestra".
1 comentario:
Es impresionante la fuerza de estas esculturas de Chillida!!! me encanta.
Andrea
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